EL TESORO DE DAMIÁN
Era
mes de abril, un mes perteneciente a la nueva era y al mes de los niños,
designado así, desde algún tiempo
atrás. El 25 de abril se encontraba Damián, un niño muy activo, amigable e
ingenioso, esperando como todos los años la celebración de este día, la cual,
de por cierto, ya era muy predecible y
no tan ingeniosa como él esperaba, puesto que año tras año esta
celebración y otras tantas actividades realizadas en su escuela, se habían convertido en una réplica anual de
títeres, diversiones inflables y las chiquitecas infaltables, que destruían el
ego de Damián cada vez que su profesora lo ponía a bailar con las mismas niñas
engreídas que querían destacarse con sus pasos actuales, que para él
continuaban siendo los mismos del espectáculo
monótono de cada fiesta.
De la misma manera, la situación en su casa no
era discrepante con la de su escuela, debido a que sus padres en
muchas ocasiones en su constante amnesia matutina olvidaban este día y acudían
a la recursividad inmediatista de la tecnología; incrementando su colección de
consolas de videojuegos, computadores con muchísimos programas, sin uso alguno
y celulares inteligentes pertenecientes
a todas las versiones posibles, elementos que para Damián no despertaba interés por explorarlos
y manipularlos.
Sin
duda alguna, Damián se sentía ignorado e insignificante en un mundo donde sus
padres y su escuela omitían muchas de las recomendaciones dadas por él para
este día, que para innumerables niños y
niñas era muy especial , pero, que para Damián se había convertido en un día banal en donde
su creatividad y su espíritu de sorpresa se veían reprimidos con la
reproducción incesante de celebraciones anuales.
En
este día tan agitado, las horas pasaban y Damián ya en su casa, después de ocho
largas horas de festividad en su escuela, se encontraba contemplando el piso de su habitación,
rebuscando en su memoria significativos momentos que llenaron su alma de
sorpresa, alegría y motivación en su temprana vida, cuando , minutos más tarde
,su cara fue invadida con una suave sonrisa y un gesto de armonía ,al conmemorar aquel momento, cuando el hombre con cabellos platiados,
barba y bigotes exagerados, con una líneas de expresión bastante pronunciadas,
con su jean envejecido, su camisa a cuadros y con un palo café que
rezagaba sus pasos según decía él, su
abuelo, ya fallecido, lo llevo a la cima de la montaña, contándole historias
inimaginables, chifladas y llenas de mucha incoherencia lógica, que con sonidos y onomatopeyas las
hacían más vivificadas y extraordinariamente permeables al ser humano; momento
mágico en donde aquel viejo entregó a su nieto el mágico personaje de todos sus
cuentos, aquella unión de alambres oxidados, entretejidos con los hilos coloridos que al final
germinaban un caballo.
Al recordar
este episodio, Damián decidió revolcar su cuarto, con el propósito de encontrar
aquel legendario protagonista de miles de historias narradas por su abuelo; al
cabo de un tiempo y después de buscar tanto poniendo de cabeza su habitación,
allí , en esa caja gigantesca, habitada por telarañas que refundían la imagen
de su primer computador, se encontraba éste, el quebradizo caballo ofrendado
por aquel viejo, muchos años atrás.
Damián
al contemplar el caballo, recreó las historias que su abuelo le había contado y
creo su propia historia, se encontraba muy excitado inventando cada detalle de ésta,
cuando, de repente entraron sus padres a su habitación, pues los gritos se
escuchaban hasta la puerta principal, al ellos ver el desorden y las marcas de
pintura en las paredes, ellos preguntaron que sucedía y Damián les respondió que por fin había vuelto a ser feliz,
y no precisamente con los juguetes modernos con los que ellos acostumbraban a
darle para celebrar el día del niño, si no, por el contrario con la compañía que
su abuelo le había dejado…los cuentos narrados y el caballo legendario.
Finalmente,
Damián tuvo su primer día del niño feliz y compartió su alegría y su historia con
muchas personas, recalcando que lo material no tiene valor, si no contiene su
propia historia y no genera un sentimiento real y profundo.



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